Mi encuentro con Andrés

Mis queridos cómplices, hoy les estoy escribiendo desde treinta y dos mil pies de altura, mientras voy volando hacia mi tierra Nicaragua. Quiero compartir con ustedes algo que me sucedió hace un par de días, mientras tomaba fotos por el área del downtown en Miami.

Resulta que dos semanas atrás, mientras también me encontraba tomando fotos en un parque donde se dan unos atardeceres increíbles, dejé olvidado uno de los filtros que estaba utilizando en mi nueva faceta de fotógrafo aficionado (por si no leyeron mi post al respecto, aquí se los comparto). Claro, no me di cuenta de mi pérdida hasta que llegué a casa, pero como también me moví de locación y en ambas había utilizado los filtros, no sabía en realidad dónde lo había olvidado.

Lo cierto es que inmediatamente supuse (lo cual detesto hacer, suponer) que se me había perdido, que alguien lo había encontrado y que seguramente habría sido algún indigente o “homeless” de los que duerme en el parque. Supuse también que quizás esa persona no sabría siquiera qué era ese objeto tan valioso y lo botaría.
Pueden notar la tremenda película que me hice, cuando en realidad debí haber regresado inmediatamente a buscar ese vidriecito que cuesta unos cuantos dólares.
Pero bueno, el asunto es que no regresé. Pasaron los días y de nuevo se me dio por volver al parque a tomar unas cuantas fotos. Como lo había ya pronosticado en mi suposición, el filtro no estaba y me resigné a que definitivamente se había perdido o alguien lo había encontrado y si por casualidades de la vida era fotógrafo profesional o no, pues se habría dado cuenta de lo preciado que éste era.

Como les dije al inicio, hace un par de noches me detuve por el downtown en Miami, -en el American Airlines Arena específicamente- a tomarle fotos a un hermoso barco donde había una fiesta alusiva al Perú, ese bello país al que tanto quiero. La iluminación de la nave era increíble, muchas lucecitas lo hacían lucir casi como sacado de una película. Me llamó mucho la atención que parecía algo antiguo. La bandera del Perú ondeaba la húmeda noche en Miami y éste que les escribe sudaba a mares y moría de calor, pero nada era más gratificante que sufrir tremenda incomodidad por tener esa ansiada foto.

Tome más de una, buscando la composición perfecta, lo que deseaba ver en la imagen; me enfoqué en el reflejo de la luz incandescente en el agua que nacía desde el barco y, además, en un par de edificios que me servían de “background” espectacular.

Una vez que logré la imagen que deseaba, y cuando el corazón me dejo de palpitar de la emoción alucinando ante tanta belleza, me dispuse a dejar ese momento que disfruté tanto, para irme directo a editar y ver en mi computadora lo que había conseguido.

Caminando de regreso hacia mi auto, había varios indigentes durmiendo bajo el cielo oscuro y arrullados por el mar.
Le pasé por el lado a uno de ellos que me quedó viendo con mala cara como diciendo “tus pasos me han despertado, ¿no puedes caminar más suave?”

Rápidamente seguí antes de que el hombre de verdad se enojara. De pronto, me encontré a otro que sí me habló y me dijo en inglés: “Hey, ¿tú sabes qué cosa es esto? Creo que alguien lo dejó olvidado y quiero regresarlo a su dueño”. No me iba a detener porque es peligroso y uno nunca sabe lo puede suceder cuando andas con equipo encima, en la calle y de noche, pero hubo algo en el tono de su voz que me hizo no ignorarlo y preguntarle qué era eso que insistentemente me mostraba. Me dijo, “no se, lo encontré”. Inmediatamente reconocí la caja metálica de mis filtros y de nuevo, SUPUSE que lo había dejado tirado en el muro por estar corriendo esa noche tomando fotos.

Andrés, como me dijo que se llamaba, me preguntó: “¿Sabes qué es?” Al ver la caja le dije, “sí, es mío, seguramente lo deje olvidado en el muro”. Él me contestó “nooooooo, espera, espera, ¿cuándo lo perdiste?”. En respuesta le dije “ahora mismo que estaba en aquella esquina tomando fotos”. El me vio incrédulo y prosiguió a contestar, “no esto no lo encontré aquí, lo encontré en otro lugar hace dos semanas y lo he mantenido conmigo para ver si tenía suerte de encontrar a su dueño. Me metí en internet para averiguar cuánto valía y encontré que es caro y pensé venderlo por algo.”

La quijada se me cayó al piso cuando me echó esa historia. Le dije, “no puedo creer que lo encontraste en el parque de Miami Beach en el causeway. Hace dos semanas estuve allí tomando fotos y lo olvidé y supuse que se había perdido. Qué increíble que lo has mantenido contigo y que esta noche que yo no planeaba venir aquí a fotografiar me has detenido a mí para preguntarme acerca del filtro. Digo, preguntarme a mí en especial, cuando antes que yo había pasado otro fotógrafo que también le tomó fotos al barco y se había ido antes.”

Andrés me dijo que había intentado detener al otro chico pero que no lo consiguió y así, entre mi asombro comencé a preguntarle de dónde era y si era indigente, pues no estaba en ninguno de los refugios que hay cerca en la zona. Procedió a contarme que había perdido todo cuando la bolsa de valores se fue al piso. Él se dedicaba a vender propiedades y el dinero que tenía invertido voló. Me dijo, “tomá tu filtro”. Él seguramente vio mi emoción que era sincera. Saqué mi cartera justo cuando él me pidió que le ayudara con algo, ya que hacía algunos días se había desmayado y perdió su celular. Me mostró cómo las hormigas le habían picado su brazo derecho, les juro que esa imagen será difícil borrarla de mi mente.

Le di dinero y cuando vio cuánto era, el hombre me agradeció una y mil veces. Le pedí que me dejara tomarnos una foto y él accedió, pero antes sacó un peine para acomodarse su pelo rubio y canoso, evidenciando su descendencia croata.
Tomé el selfie y le di un abrazo. Le agradecí que me haya detenido y que haya guardado ese filtro que en realidad no esperaba volver a ver. Me sonrió y me dijo “You´re welcome, no problem man, thank you for your help”.

Moraleja: Todos tenemos una historia. Cada vez que veo a un indigente, desde mucho antes de tener este encuentro con Andrés, he pensado en cómo habrá sido su niñez, si habrá tenido papá y mamá, o al menos uno de ellos. ¿Habrá creído en santa Claus, le habrá pedido algún juguete en alguna navidad? ¿En qué cree en este momento a diferencia de antes? ¿Le habrán despertado alguna vez con una caricia?

En fin, comienzo como a intentar imaginar su historia de niño, porque es por ahí donde creo que comienza todo. Después de este breve encuentro, lleno de humanidad y aprendizaje me fui mas que satisfecho de haber escuchado a este hombre; a veces eso es lo único que hace falta, ser escuchado y saber escuchar, sentir que le importas a alguien y viceversa, sea desconocido o no.

No todas las personas que están en la calle son malas, no todos los que tienen menos son maleantes. Algo tiene que haber sucedido en sus vidas porque estoy seguro que a nadie le gusta vivir así. Son seres humanos necesitados no solo de una ayuda, sino de un poco de empatía,de solidaridad y sobre todo de AMOR.

¿Y tú conoces alguna historia similar? Cuéntame